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LECCIÓN   5.1

El nuevo sentido del servicio y su valor.
Con Jesús el término diakonal de servicio adquiere una nueva dimensión. El servicio aunque continúa siendo físico, la actitud del servidor cambia. Ahora ya no es un esclavo. El servidor se transforma en darse a sí mismo por los amigos (Juan 15:13).
 
Los discípulos obedientes a Cristo, aprenden muy pronto la esencia de su vida cristiana. Así como Cristo fue obediente a quien lo envió y no hizo nada por su propia cuenta (Juan 5:30), de igual forma sus fieles seguidores harán lo mismo, que hizo su Maestro:
 
"De la misma manera, cuando ustedes me obedecen, deben decir: Somos siervos indignos que simplemente cumplimos con nuestro deber" (Lucas 17:10).
 
Cuando unimos esfuerzo mutuos somos testigos de la caridad. La misericordia nos une, porque refleja una vida de solidaridad y generosidad hacia los menos favorecidos de la humanidad:
 
"Pues tuve hambre, y me alimentaron. Tuve sed, y me dieron de beber. Fui extranjero, y me invitaron a su hogar. Estuve desnudo, y me dieron ropa. Estuve enfermo, y me cuidaron. Estuve en prisión, y me visitaron" (Mateo 25:35-36).
 
El nuevo sentido del servicio y su valor, asume las necesidades del ser humano con solidaridad. Las penurías de la humanidad se transforman en proyectos prioritarios para la iglesia. Ahora con la nueva visión, los ministerios de iglesia y sociedad procuran desarrollarse en el perímetro que rodea a la comunidad de fe.
 
Servir a la comunidad que rodea a la iglesia local se convierte en un deber trascendental de espiritualidad y fe. Nace un deseo ardiente de que todo ministerio empieza por el aspecto social, en obediencia a Cristo, quien ordenó a sus discípulos que le dieran de comer a la hambrienta y agotada multitud (Marcos 6:37).
 
El nuevo significado del servicio ya no es simplemente una actividad que hace un cristiano, ni un ministerio que desarrolla la iglesia. Servir es la forma de ser del cristiano y el signo vital de la iglesia, en cada momento y en todo lugar, como estilo de vida, en la permanente presencia de Cristo (Mateo 28:20).
 
El nuevo sentido del servicio y su valor tiene su fuente en el amor y la fidelidad a Jesús (1 Corintios 4:2). Pues antes de convertirse el cristiano en un servidor, su personalidad ha sido capacitada y equipada con los dones karismáticos del Espíritu Santo, de fe, esperanza y caridad (1 Corintios 13:13).
 
Nadie puede servir genuinamente a los demás, sin el amor divino en su vida. El novedoso sentido del servicio y su valor, tiene sus profundas raíces en el nuevo mandato del amor:
 
"Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos" (Juan 13:34-35).
 
La imagen viva de Cristo y su rostro se refleja en sus siervos, a quienes el mismo Jesús los elevó a la categoría de amigos confidentes y conocedores de todo lo que el Padre le confió a su Hijo (Juan 15:15). En esta nueva realidad, los discípulos tiene el carácter y la función de ser otros Cristos:
 
"A veces pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos puso en exhibición como prisioneros de guerra al final del desfile del vencedor, condenados a muerte. Nos hemos convertido en un espectáculo para el mundo entero, tanto para la gente como para los ángeles" (1 Corintios 4:9).
 
Nuestra mente y nuestro corazón se disponen a servir, cuando se asemejan a Cristo. La nueva dimensión del servicio hacia los demás, es fruto del Espíritu de Dios que ahora mora en nosotros (1 Corintios 3:16).
 
Con Jesucristo el Espíritu vino a morar y a operar, no sólo en las personas individuales, sino en todos los miembros de la comunidad de los creyentes. Así como los espíritus inmundos moran y reposan en los cuerpos de los incrédulos (Mateo 12:43-45), el Espíritu Santo mora en cada uno de nosotros (1 Corintios 6:16).
 
A nosotros lo único que nos corresponde es aceptar la gracia del don de la presencia del Espíritu Santo. La manera cómo sucede que venga el Espíritu a morar en nosotros la hace Dios:
 
"Dios trabaja de maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien hace la obra en todos nosotros" (1 Corintios).
 
La práctica de los talentos hace crecer las virtudes que se desarrollan en nosotros. Y al desarrollarse y crecer la virtudes, nos permiten un nuevo nacimiento:
 
"Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás" (Efesios 2:10).
 
El ser buenos no nos hace diferente de los no creyentes. Pues muchas veces, los no creyentes hacen cosas buenas y hasta mejores que los creyentes. El servicio como simple filantropia no hace que seamos más espirituales.
 
Sin embargo, los dones espirituales en los creyentes, los hacen espirituales y santos, además de ayudarles a ser buenos y excelentes servidores:
 
"Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsenlos bien para servirse los unos a los otros" (1 Pedro 4:10). 
 
 
Segundo Examen:

¿Cuál es el nuevo sentido del servicio y su valor?
 
Opción 1 Los proyectos que la iglesia desarrolla a favor de todos.
Opción 2 El amor solidario que tiene los seres humanos juntos.
Opción 3 La acción de Dios presente en las actividades humanas.
Opción 4 Asume las necesidades del ser humano con solidaridad.