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LECCIÓN   5.10

De las acciones eficientes al servicio eficaz.
 
Es muy diferente la eficiencia a la eficacia. Eficiente es la persona que trabaja duro y consigue pocos resultados. Eficaz es la persona que logra mayores rendimientos con esfuerzos bien organizados.
 
Existe bastante relación entre los recursos utilizados en un proyecto y los logros conseguidos en ese mismo proyecto. Cuando se utilizan menos recursos para lograr un mismo objetivo, se dice que es eficaz.
 
Es decir, la eficacia consiste en lograr más objetivos con los mismos o menos recursos. Las acciones pueden ser eficientes, pero el servicio debe ser eficaz, el cual va más haya de la simple planeación humana:
 
"No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta" (Romanos 12:2).
 
Además, la eficacia debe ser coherente con la consecución de metas y objetivos. La eficacia es la medida que califica nuestra capacidad para lograr lo que nos proponemos.
 
Somos eficaces cuando hacemos mejor uso de los recursos, tales como el tiempo, el espacio, la infraestructura, la mano de obra, entre otros. Que a la luz de la fe, dichos recursos se transforman en valores.
 
Los valores van más allá de lo físico. Cuando los recursos adquieren la categoría de valor se convierten en formas espirituales. Lo que antes se llamaban recursos ahora son la esencia más profunda, pura y simple del ser humano.
 
Dichos valores determinan lo que uno dice o hace. Convertir, simples recursos en valores es una clave para vivir en el corazón de Dios y se evita actuar por vicios humanos: 
 
"Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia" (Mateo 15:19).
 
De la manera como veamos lo físico o lo material, representa el estado de nuestro espíritu. Por eso, cuando se integran la utilización y el mejor uso de los recursos y la capacidad para alcanzar los objetivos trazados, hay eficacia.
 
Para ser eficaz no basta con lograr una tarea y desarrollar un proyecto. Es necesario lograr una tarea o proyecto con menos recursos y en el menor tiempo. No sólo como oficio o tarea sólo humana, sino como voluntad y propósito de Dios:
 
"Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos" (Romanos 8:28).
 
Pero no es que estemos pasivos. Para alcanzar los objetivos hay que perseguirlos. Por eso, es bien visto cuando se cumple con los plazos acordados, pero hay que hacer la labor bien hecha, buscando siempre excelencia y calidad. 
 
Entre otros aspectos, es muy positiva la flexibilidad, siempre y cuando se cumpla con el reglamentado. Muchas veces hay que delegar, pero hay cosas que alguien debe ser responsable y hacerlo por sí mismo.
 
Pues Dios nos capacita a cada uno, en individual y en particular, para la misión encomendada. Nadie reemplaza a otro. No hay dos espíritus iguales:
 
"Él nos capacitó para que seamos ministros de su nuevo pacto. Este no es un pacto de leyes escritas, sino del Espíritu. El antiguo pacto escrito termina en muerte; pero, de acuerdo con el nuevo pacto, el Espíritu da vida" (2 Corintios 3:6).
 
Para ser eficaces en el servicio, hay que entender que la visión a largo plazo guía hacia la meta, pero el trabajo diario conduce a su fin. Es decir los objetivos y las tareas van juntas.
 
Hay que accionar y ser proactivos, pero muchas veces frente a los imprevistos, se debe tener gran habilidad y reaccionar.
 
En el ministerio de la iglesia, muchas veces hay que trazar y conseguir objetivos con base a pocos recursos físicos y visibles. Es decir, que a pesar de contar con pocos recursos, se debe realizar la labor como que si contáramos una gran cantidad de recursos. Pues nuestra planeación se fundamenta está en la visión de Dios:
 
"Apolos pensaba ir a Acaya, y los hermanos de Éfeso lo animaron para que fuera. Les escribieron a los creyentes de Acaya para pedirles que lo recibieran. Cuando Apolos llegó, resultó ser de gran beneficio para los que, por la gracia de Dios, habían creído" (Hechos 18:27).
 
Se cuenta con lo que se tiene. Se llevan a cabo los planes con el respaldo de Dios, que siempre estará ahí observando la disposición de nuestro corazón, el cual estará siempre lleno de motivación y convencido del ministerio que nos corresponde desarrollar.
 
El apóstol Pablo trazó sus objetivos y los cumplió, a pesar de las circunstancias. Nunca se dio por vencido cuando las situaciones adversas lo acorralaban:
 
"Porque no me eché para atrás a la hora de declarar todo lo que Dios quiere que ustedes sepan" (Hechos 20:27).
 
Al apóstol Pablo la censura, los peligros y las amenazas de muerte, no lo detuvieron en su propósito de propagar la Palabra de Dios, como un servicio eficaz de su ministerio:
 
"He trabajado con más esfuerzo, me han encarcelado más seguido, fui azotado innumerables veces y enfrenté la muerte en repetidas ocasiones. En cinco ocasiones distintas, los líderes judíos me dieron treinta y nueve latigazos. Tres veces me azotaron con varas. Una vez fui apedreado. Tres veces sufrí naufragios. Una vez pasé toda una noche y el día siguiente a la deriva en el mar. He estado en muchos viajes muy largos. Enfrenté peligros de ríos y de ladrones. Enfrenté peligros de parte de mi propio pueblo, los judíos, y también de los gentiles. Enfrenté peligros en ciudades, en desiertos y en mares. Y enfrenté peligros de hombres que afirman ser creyentes, pero no lo son. He trabajado con esfuerzo y por largas horas y soporté muchas noches sin dormir. He tenido hambre y sed, y a menudo me he quedado sin nada que comer. He temblado de frío, sin tener ropa suficiente para mantenerme abrigado. Además de todo eso, a diario llevo la carga de mi preocupación por todas las iglesias" (2 Corintios 11:23-28).
 
Como el apóstol Pablo, debemos tener claro que el ministerio de Jesucristo hay que continuarlo. No puede haber nada, ni nadie que lo detenga. Ni las críticas, ni las voces extrañas  pueden interrumpir el deseo de lograr los objetivos, pues la ayuda de Dios es aliento en la lucha para conseguir lo que se ha fijado.
 
El servicio eficaz, va mucho más lejos que la acción eficiente. No somos eficientes, somos eficaces. De nada nos conviene hacer muchas actividades, si no acertamos en el blanco.
 
Pero si logramos obtener los frutos, al final diremos como el apóstol Pablo:
 
"He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel" (2 Timoteo 4:7). 
 
Se trata de repetir la misma dinámica de Jesús. Desde el comienzo había un plan en la vida de Jesús, no diseñado por estrategias humana, sino por Dios mismo:
 
"Y tendrá un hijo y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21).
 
Fue tanta la certeza que hubo en los primeros cristianos, de que en la misión de Cristo sólo existía el plan divino, que pudieron expresar:
 
"La siguiente declaración es digna de confianza, y todos deberían aceptarla: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el peor de todos" (1 Timoteo 1:15).
 
El diseño de Dios nunca se tergiversó, ni fue ambiguo. Los primeros cristianos lo confesaban y lo explicaban muy a menudo:
 
"Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios. Sufrió la muerte física, pero volvió a la vida en el Espíritu" (1 Pedro 3:18).
 
El servicio eficaz es la médula esencial de nuestra labor ministerial. Somos servidores en todo momento, a imitación de Cristo:
 
"Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:28).
 
Al final de la vida, al atardecer de nuestra jornada terrenal, viene la recompensa. Cuando transpasemos el humbral de la muerte, el sentido de nuestra vida adquiere un significado trascendente:
 
"No obstante, lo que sí vemos es a Jesús, a quien se le dio una posición un poco menor que los ángeles; y debido a que sufrió la muerte por nosotros, ahora está coronado de gloria y honor. Efectivamente, por la gracia de Dios, Jesús conoció la muerte por todos" (Hebreos 2:9).
 
Se pasa de las acciones eficientes al servicio eficaz, cuando nuestro labor no es sólo un servicio humanitario, sino una señal del propósito de Dios. Cuando nuestra labor es buena y además es espiritual.
 
Nuestro servicio eficaz, aunque es físico, tiene un valor espiritual. Por eso los siete servidores de las mesas (Hechos 6:2), se les escogió por su calidad espiritual (Hechos 6:3). Aunque era un servicio tangible, su misión de predicar y extender la Palabra no se esfumó (Hechos 6:8).
 
Nuestro servicio eficaz debe ser material y visible, pero con la esencia de llevar el mensaje evangelizador de salvación:
 
"Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra" (2 Timoteo 3:16-17).
 
No sólo somos filantrópicos, altruistas y humanitarios. Aunque demos el pan físico y atendamos necesidades vitales humanas, nuestro ministerio tiene que ver con la extensión del reino de Dios, a través de su Palabra:
 
"Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos. No hay nada en toda la creación que esté oculto a Dios. Todo está desnudo y expuesto ante sus ojos; y es a él a quien rendimos cuentas" (Hebreos 4:12-13).
 
Hay que hacer las cosas con destrezas y producir los efectos deseados. Nuestro deber es ser eficientes y eficaces. ¿Qué es una iglesia eficaz?  Es una que logra hacer la tarea que Dios ha dado a las iglesias: la gran tarea de llevar el evangelio a todo el mundo:
 
"Como ven, no andamos predicando acerca de nosotros mismos. Predicamos que Jesucristo es Señor, y nosotros somos siervos de ustedes por causa de Jesús" (2 Corintios 4:5).
 
Decimo primero Examen:

¿Cuándo se pasa de las acciones eficientes al servicio eficaz?
 
Opción 1 Cuando obtenemos excelentes resultados y ganancias.
Opción 2 Cuando nuestra labor es buena y además es espiritual.
Opción 3 Cuando se trabaja duro y se logran todos los objetivos.
Opción 4 Cuando usamos los mejores recursos y se logran metas.