leccionesuvinet.org
LECCIÓN   5.2
El nuevo valor del servicio físico.
 
El servicio físico va más allá de la simple ayuda material y corporal. El nuevo valor del servicio físico espiritualiza las dimensiones tangibles, las somáticas y la naturaleza visible de la vida humana.
 
El nuevo valor del servicio físico dignifica a quien recibe la ayuda, tanto en su cuerpo y mente, como en su espíritu. Aunque la asistencia es palpable y material, el beneficio es integral. Este fue el servicio que identificó el ministerio público de Jesús.
 
Uno de los casos más ilustrativos era la enfermedad física de la lepra. Aunque era una patología del cuerpo, en muchas culturas desairaban y despreciaba al paciente. Se juzgaba como un transtorno incurable, mutilante y vergonzoso.
 
En la cultura judía, el enfermo de lepra era considerado impuro y tenía que vivir separado de los demás, fuera del campamento (Levítico 13:44). Aún curados, seguían siendo discriminados. Simón, habiendo sufrido de lepra, ya estaba sano, reincorporado en la sociedad. Pero se le señalaba todavía como leproso (Marcos 14:3).
 
Es natural que una enfermedad física, requiere atención física. Sin embargo, la lepra era relacionada a la moral y al pecado. Por tanto, quienes la padecían no recibían ningún tratamiento físico. Acudían al acto milagroso o a la cura ritual de rezos y plegarias.
 
Así que, aunque era una situación epidemiólógica, imperaba la discriminación y la marginalidad. Había una condena perpetua. Pues no existía medicina, y aunque fuese considerada dicha enfermedad como pecado, no había capacidad de perdón de pecados. En circunstancias tan fatales, muy pocos eran sanados:
 
"Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio" (Lucas 4:27).
 
En cambio, en el servicio físico de Jesús todos eran sanados. Cuando a Jesús vino un leproso, sanó el leproso (Mateo 8:1-3); cuando acudieron diez, sucedió lo mismo, lo diez quedaron libres de enfermedad (Lucas 17:14). El nuevo valor del servicio físico es total y completo.
 
Jesús marcó la diferencia. Sin embargo, a lo largo de la historia humana la discriminación, la marginalidad y la exclusión, han sido prácticas constantes y sin piedad de la sociedad, con frecuente indiferencia y complicidad de la autoridad y el liderazgo.
 
Hoy día se continúa segregando por raza, género, estrato social, enfermedad, edad, cultura, educación, entre muchas otros. Ha sido un flagelo difícil de erradicar, porque existen influencias socio económicas y políticas que las mantienen vigentes.
 
Son muchas las cusas de la intolerancia humana. El miedo, las ideologías, la docilidad, la inconciencia, la ignorancia y la conflagración de intereses, nutren negativamente la discriminación.
 
Por su parte, la diakonía, en su nueva dimensión cristiana, es diferente. Se preocupa por el bienestar físico y las necesidades básicas de la persona concreta en toda época y cultura. Trasciende el tiempo, las costumbres propias y la idiosincracia de las civilizaciones de todas partes del mundo.
 
Como el ser humano ha sido, es y será el mismo en todo tiempo y lugar, es evidente que las necesidades básicas, no se reducen sólo al aspecto fisiológico. Sino que son recursos de gran valor, para la calidad y la excelencia evolutiva de la humanidad.
 
El equilibrio armónico de las sociedades y de las culturas tienen su fundamento en el desarrollo saludable, participativo, independiente y libre de cada persona en lo económico, la solidaridad y la ecología.
 
Las necesidades físicas no se miden, ni se evaluan por la simple carencia, la escazes o la miseria, como si pudieran estar ausentes en algún momento de la persona. Estas necesidades son inherentes al ser humano.
 
En este sentido, el nuevo valor del servicio físico responde a las necesidades propias de cada persona. Entiende que las necesidades físicas, son valores intransferibles, que no tienen precio, no se venden, ni se adquieren, ni se permutan.
 
Las necesidades físicas son valores innajenables. La vivienda, el vestido, la salud, la alimentación, la higiene, la seguridad, la prevención, la educación, la familia, el trabajo, la recreación, la identidad personal y los derechos humanos, entre otros. Todos son valores propios del individuo, los cuales son innegociables.
 
El nuevo valor del servicio físico se identifica con los derechos y los deberes innalienables del ser humano. Responde a la prioridad social de la dignidad humana.
 
El nuevo valor del servicio físico denuncia cualquier tipo de contaminación. Pone en evidencia la degradación ambiental y reclama una sana estética visual. Acusa la explotación de los recursos, el desarrollo económico de la propiedad privada sin control y la industrialización tecnológica irracional.
 
La visión cristiana propone un cambio de mentalidad. la discirminación y la marginalidad no pueden ser vistos como constitutivo, ni innato al género humano. Hay una salida distinta:  
 
"Si alguien tiene suficiente dinero para vivir bien y ve a un hermano en necesidad pero no le muestra compasión, ¿cómo puede estar el amor de Dios en esa persona? Queridos hijos, que nuestro amor no quede sólo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones" (1 Juan 3:17-18).
 
Jesús atendió las necesidades físicas. Al curar al hombre de la mano seca, el Maestro va más allá de la incapacidad física (Marcos 3:1-6). Jesús se fijó en la dignidad y el valor de la persona humana. 
 
Lo mismo sucedió con el páralítico. Al perdonarle sus pecados, la enfermedad desapareció y el enfermo se levantó. Ya no era la camilla, que lo llevaba, ahora quien había estado enfermo, conducía la camilla (Marcos 2:1-12).
 
Hay una actitud distinta en Jesús, admirada hasta por sus opositores  (Marcos 1:22). La particularidad de Jesús residía en el valor de la persona. Para el Mesías, la humanidad está por encima de los animales, de las leyes y tradiciones religiosas:
 
"El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo" (Mateo 12: 11-12).
 
La deducción de Jesús de hacer el bien en todo momento, fue central en su ministerio. Aunque le refutarán sus adversarios, al final eran vencidos (Marcos 22:46). Los dirigentes sociales y religiosos, intransigentes y acérrimos opositores, frente a Jesús callaban:
 
"Luego se dirigió a sus acusadores y les preguntó: ¿Permite la ley hacer buenas acciones en el día de descanso o es un día para hacer el mal? ¿Es un día para salvar la vida o para destruirla? Pero ellos no quisieron contestarle" (Marcos 3:4).
 
El nuevo valor del servicio físico tiene su fuente en la encarnación del de la palabra de Dios. Al momento en que el verbo tomó carne y cuerpo humano en la persona de Jesucristo, sucedió el cambio de mentalidad. De Dios con nosotros (Mateo 1:22) a Dios como nosotros (Hebreos 2:17)
 
Además de ser un Dios histórico y visible, ahora era un Dios palpable y tangible. Total Dios y completo humano. La Palabra se hizo carne como nosotros (Juan 1:14), con las consecuencias inevitables de la humanidad (Filipenses 2:5-8).
 
La encarnación es el misterio iniciador de la fe cristiana (1 Juan 4:2). Apartir de la encarnación, Dios es un ser cercano y activo. Está presente en la realidad, en el mundo, en tiempo y en el espacio.
 
Por lo tanto, la personalidad y la espiritualidad de Jesús son dinámicas. La interrelación entre la humanidad y Dios se convierte en un constante discernimiento del Espíritu de Dios, que actua en el mundo, en amor y de servicio.

Con la presencia física de Dios en el mundo, el ser humano adquiere y recupera su dimensión espiritual. El verdadero cristiano ve al mundo con indiferencia y se aferra al Espíritu Santo (Romanos 8:15-16). El nuevo creyente no condiciona su ser a las circunstancias materiales.
 
Con la encarnación, el ser humano ha adquirido la experiencia de lo trascendental.

Tercer Examen:

¿Cuál es el nuevo valor del servicio físico?
 
Opción 1 Lograr que todos unidos trabajen enfocados en un fin.
Opción 2 Responder a las necesidades propias de cada persona.
Opción 3 Eliminar la discriminación que existen en la humanidad.
Opción 4 Anunciar la encarnación del verbo de Dios como misterio.