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LECCIÓN   5.5 
El servicio debe ser a tiempo.
 
Existe el tiempo cronológico, que mide los sucesos en secuencias; y el tiempo de Dios, llamado kairos (Marcos 1:15), que es el momento del propósito de Dios. Ambos tiempos sugieren funciones y marcan la historia de los seres humanos.
 
Precisamente, los cambios que experimentamos y las modificaciones que vemos, suceden en la medida del tiempo, ya sea del cronos o del kairos. Dios en su infinita eternidad, al comunicarse con la humanidad, se presentó en el ayer, pero lo mismo lo hace en nuestro tiempo y lo hará por siempre (Hebreos 13:8).
 
Jesús actuó en el tiempo. Nació en un tiempo determinado, fue judío de Galilea y carpintero de profesión (Marcos 6:3). Todo lo que hizo, lo realizó en un aquí y en un ahora. Su servicio fue a tiempo. 
 
Nada dejó para más tarde. Más aún, sin haber llegado su hora de actuar, convirtió el agua en vino (Juan 2:4). Siempre ejerció su servicio oportunamente en el tiempo. Su querer de prestar el servicio a tiempo fue su constante (Marcos 1:40-42).
 
En todas las curaciones milagrosas, su accionar fue pronto y a tiempo. Sucedió con el paralítico que fue bajado por el techo (Marcos 2:11-12), con la hija de Jairo (Marcos 5:41-42) y el joven muerto de Naím (Lucas 7:14-15). Todo fue a su debido tiempo, para revelar un misterio.
 
Una verdad de la personalidad de Jesús fue acompañada de un signo y señal. Por eso, cuando llegó el momento de que Jesús revelara que él era el agua viva, convirtió el agua en vino (Juan 2:7-8).
 
Para confirmar que era el pan de vida, hizo la multipicación de los panes (Juan 6:11). Para atestiguar que era la luz del mundo, sanó al ciego de nacimiento (Juan 9:5-6) Cuando anunció que era la resurrección y la vida, resucitó a Lázaro (Juan 11:43).
 
Los actos de Jesús se manifestan en el tiempo mediante la fe (Mateo 17:20), lo mismo que la venida del Reino de Dios (Mateo 4:17).
 
Jesús mantuvo sus rasgos de maestro, con claras enseñanzas de sabiduría temporal (Lucas 12:22-31). La providencia divina actúa a tiempo (Mateo 10:26-31), igualmente la justicia de Dios, vino en el tiempo propicio (Mateo 5:45).
 
A tiempo fue su metodológía. Sus parábolas fueron oportunas y adecuadas a la manera de enseñar de su tiempo. Su pedagogía fue ilustrativa y sencilla, asequible de comprender y fácile de recordar.
 
También su profetismo fue muy apropiado a la gente de su tiempo. Aunque algunos lo confundieron (Mateo 16:14), todos reconocían su don de profeta (Mateo 21:11).
 
Nosotros, como ministros sucesores de Jesús y de sus apóstoles, debemos producir también frutos a tiempo (Juan 15:5). Si tenemos follaje debe haber fruto, porque si no nos pasaría como la higuera (Marcos 11:12-14), aunque no fuese el tiempo, sin embargo hay que ser útiles y servir.
 
El servicio hay que prestarlo a tiempo, porque siempre hay tiempo para servir y ser útiles a Dios. Nuestra labor es dar buenos frutos en todo tiempo (Mateo 7:16-20).
 
El tiempo siempre será oportuno (2 Timoteo 4:2). Hay que estar alertas, vigilantes y en acción. Por los frutos seremos identificados de que el Espíritu Santo actúa en nosotros (Gálatas 5:22-23).
 
Como cristianos debemos imitar la actitud de Jesús, quien centró su ministerio en el servicio que prestó a la humanidad. Es más, para ser el primero había que ser el servidor de todos y ocupar el último lugar (Marcos 9:35).
 
Nuestra preocupación debe ser que donde quiera que estemos y a la hora que nos encontremos, nos hallen haciendo la obra  de Dios. Aunque estemos descansando, comiendo o durmiendo que sea el tiempo oportuno, es decir en el tiempo de Dios:
 
"Los apóstoles regresaron de su viaje y le contaron a Jesús todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Jesús les dijo: Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato. Lo dijo porque había tanta gente que iba y venía que Jesús y sus apóstoles no tenían tiempo ni para comer" (Marcos 6:30-31).
 
En Jesús, el tiempo de servir responde a la solicitud de la oferta de su gente que lo solicita constantemente. Su servicio está determinado por las necesidades de las personas que lo buscan.
 
Para Jesús las penurias y la escecez que sufren los seres humanos, es prioridad en su misión. No ahorra costos, ni mide consecuencias. Los resultados de su labor consiste en atender a la gente que lo solicita: 
 
"Esa tarde, después de la puesta del sol, le llevaron a Jesús muchos enfermos y endemoniados. El pueblo entero se juntó en la puerta para mirar. Entonces Jesús sanó a mucha gente que padecía de diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios, pero como los demonios sabían quién era él, no los dejó hablar" (Marcos 1:32-34).
 
El servicio logístico de Jesús estuvo cuantificado en términos de tiempo. Jesús sintió el deber de alimentar a quienes habían invertido tiempo en escuchar sus enseñanzas. Su propuesta fue prestar tención a solucionar el hambre en el instante y en el momento cuando se presentó la necesidad:
 
"Siento compasión por ellos. Han estado aquí conmigo durante tres días y no les queda nada para comer. Si los envío a sus casas con hambre, se desmayarán en el camino porque algunos han venido desde muy lejos" (Marcos 8:2-3).
 
El servicio debe ser a tiempo. Sin embargo con la actitud de los servidores de Jesús, con la ilustración de la multiplicación de los panes, observamos que puede haber pretexto, para argumentar y justificar las dificultades de no servir a tiempo.
 
En las dos ocasiones cuando Jesús les propone a sus discípulos que le den de comer a la multitud, dos sendas respuestas por parte de ellos aducen simuladamente para eludir el cumplimiento de la petición del Maestro.
 
En la primera situación, los apóstoles de Jesús, justificaron la imposibilidad de hacer la obra a tiempo, aludiendo la falta de dinero:
 
"Jesús les dijo: Denles ustedes de comer. Preguntaron: ¿Con qué? ¡Tendríamos que trabajar durante meses para ganar suficiente a fin de comprar comida para toda esta gente!" (Marcos 6:37).
 
La segunda la justificación no fue la falta de dinero, sino la falta de la materia prima, para elaboración del producto alimenticio: 

"Sus discípulos respondieron: ¿Cómo vamos a conseguir comida suficiente para darles de comer aquí en el desierto?" (Marcos 8:4).

Pero la enseñanza de Jesús es que la escaces de comida o la falta de dinero no impiden prestar el servicio a tiempo si presenta una necesidad. La prioridad es servir es en todo momento. Se sirve con lo que se tiene.
 
Las preguntas de Jesús en los dos momentos fue la misma. En la primera oportunidad dijo:
 
"Preguntó Jesús: ¿Cuánto pan tienen? Vayan y averigüen. Ellos regresaron e informaron: Tenemos cinco panes y dos pescados" (Marcos 6:38).
 
En la segunda escena coyuntural de aprieto, de angustia y de impotencia de los discípulos por no encontrar la salidad, Jesús les pregunta: 
 
"¿Cuánto pan tienen? Preguntó Jesús. Siete panes, contestaron ellos"
(Marcos 8:5), "y unos pocos peces" (Marcos 8:7).
 
La logistica que usó Jesús fue simple. Se trató de hacer sentar a todos los presentes, ponerlos por grupos de cincuenta, dar gracias y empezar a repartir (Marcos 6:39-44).
 
Nadie se imaginaba que con dicha estrategia iba a alcanzar comida para todos, y hasta iba a sobrar. El prestar el servicio a tiempo es eficaz y nos hace útiles en la obra de Dios. Pues no estamos sólo el Espíritu Santo (Juan 14:16-17) y Cristo están con nosotros siempre (Mateo 28:20)
 
Por lo tanto, el tiempo laboral de los discípulos de Jesús es todo el tiempo. El salario que reciben es más que cualquier oficio simplemente humano. Es salario de evangelio (1 Corintios 9:14).
 
Sin embargo, como gratis se han recibido los dones y los talentos para ser útiles a tiempo, por eso también hay que dar el servicio gratis (Mateo 10:8).
 
El servicio que prestamos no sólo lo estamos haciendo a la persona o a la gente que nos pide la ayuda, sino a Dios mismo (Efesios 6:5-8). Es una labor digna y a la latura de nuestro verdadero patrono:
 
"Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que el Señor a quien sirven es Cristo" (Colosenses 3:23-24).
 
Todo el servicio que hacemos tiene su recompensa, pues la promesas de Dios son siempre justas. Pensar así es de mucha sabiduría (Colosenses 4:5). Por eso debemos tener una respuesta adecuada a cada necesidad:
 
"Pues Dios no es injusto. No olvidará con cuánto esfuerzo han trabajado para él y cómo han demostrado su amor por él sirviendo a otros creyentes como todavía lo hacen" (Hebreos 6:10).
 
No hay duda. El ejercicio del servicio hay que prestarlo a tiempo y a desatiempo. Es decir en todo momento. O mejor, en todo tiempo hay que ser serviciales:
 
"Supónganse que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse y uno de ustedes le dice: Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien, pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué le sirve?" (Santiago 2:15-16).
 
El tiempo es el espacio de oportunidad que Dios nos concede para alcanzar la madurez como personas. Tenemos la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique a la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo:
 
"Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo" (Efesios 4:13).
 
Finalmente en la esencia de prestar el servicio a tiempo se halla el amor. Pues todo lo hacemos por amor. Vivir es amar. Pero hay que amar con prontitud y presteza, porque el tiempo es corto y además el control lo tiene Cristo:
 
"Sea de una forma u otra, el amor de Cristo nos controla" (2 Corintios 5:14).
 
 
Sexto Examen:

¿Por qué el servicio debe ser a tiempo?
 
Opción 1 Porque siempre hay tiempo para servir y ser útiles a Dios.
Opción 2 Porque el cliente siempre tiene la razón en su necesidad.
Opción 3 Porque las ganancias se miden por el servicio al cliente.
Opción 4 Porque debemos estar actualizados con la tecnología.