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LECCIÓN   5.8
El servicio vital de las mesas.
El servicio es tangible y medible. El servicio o diakonía no es el simple deseo intencional de hacer el bien. No son sólo los buenos propósitos. Ni razonamientos que acentúan la manera de cómo servir.
 
Las buenas intenciones y los honestos propósitos son proyecciones de motivación. Al empezar un año nuevo, al mudarse a un lugar diferente, al empezar una relación, cambiar de trabajo o ante una fatal situación, son sólo circunstancias efervescentes de entusiasmo.
 
Ese incauto deseo de servir es cómodo y confortable, ya que por lo general no se lleva a cabo. Queda en loables antojos y estériles sentimientos. Pues al final, las excusas se personifican en pretextos, las justificaciones en contratiempo y las evasivas alimentando las disculpas.
 
Por eso, lo importante del servicio, lo primordial y poderoso, es llevarlo a la práctica. Que el servicio se convierta en hábito. Es hacer del servicio un ejercicio diario. Servir es un estilo de vida.
 
Para tal fin, la actitud de servir debe anidarse en el subconsciente. Es actuar sin pensar, ni razonar, sino sólo servir por el hecho de hacerlo. Servir porque Dios está ahí siempre, aquí y ahora.
 
En las bodas de Caná, en la multiplicación de los panes, en el lavatorio de los pies y en la elección de los siete diáconos, hay un signo de vida evidente del servicio. Se trata del servicio vital de las mesas, que es la presencia de Dios en la labor diaria del cristiano. 
 
En las bodas de Caná, el maestro de ceremonías mandó a llamar al novio, y le dijo:
 
"Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!" (Juan 2:10).
 
En el servicio que ha acabado de prestar Jesús, ha cambiado el paradigma social. Ha terminado una arraigada y fuerte costumbre que se había impuesto en las celebraciones. Pero Jesús presenta una nueva imagen de atender a los anfitriones, mostrando los beneficios de un servicio eficiente y eficaz.
 
Un buen servicio prestado a tiempo y en el lugar apropiado, es de impresindible valor y se palpa la acción de Dios. En el contexto de la bodas de Caná, se reveló la gloria de Dios. El mejor servicio es cuando el acto que se realiza muestra la gloriosa revelación divina:
 
"Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en él" (Juan 2:11).
 
En la multiplicación de los panes también se manifestó la gloria de Dios, mediante el cambio sustancial que hizo Jesús de la celebración pascual. Fiesta que para la época de Jesús, se había enviciado a través del tiempo.
 
Era casi el tiempo de la cena judía (Juan 6:4). Comida que había sido encomendada por presecripción divina (Exodo 12:1-3), y que los judios piadosos siguieron con estricto rigor por un tiempo.
 
Pero después dicha celebración perdió su valor original. Denuncia que muchas veces hicieron los profetas. Entre ellos Amós, quien vivió en una época de gran esplendor y riqueza de unos pocos, en contraste con la miseria del pueblo:
 
"Odio todos sus grandes alardes y pretensiones, la hipocresía de sus festivales religiosos y asambleas solemnes" (Amós 5:21).
 
En esa decadencia Jesús propone el servicio verdadero de la pascua y de los panes ázimos (Levítico 23:10), cuando alzó sus ojos y vió que había venido una gran multitud a su encuentro (Juan 6:5).
 
En el contexto de la celebración pascual judía, de escaces y hambre, de ritualismos vacios; fiestas de vida convertidas en signos de muerte, Jesús propone el servicio solidario del compartir, que no sólo satisface a todos los presentes, sino que sobreabunda para auxiliar a muchos otros, con el excedente: 
 
"Luego Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y los distribuyó entre la gente. Después hizo lo mismo con los pescados. Y todos comieron cuanto quisieron. Una vez que quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: Ahora junten lo que sobró, para que no se desperdicie nada" (Juan 6:11-12).
 
En el lavatorio de los pies, Jesús vuelve a demostrar y a enseñar el verdadero valor del servicio. Una costumbre social, Jesús la transforma en un gesto de solidaridad eficaz. Lo que era un acto, ahora será una actitud arraigada en el subconciente de sus discípulos.
 
En el mismo contexto de la pascua, a la hora de cenar (Juan 13:1), mediante la acción de lavarle los pies a sus discípulos, Jesús estaba instituyendo el ministerio del servicio conciso, evidente, perceptible y mesurable, que debían seguir repitiendo sus discípulos:
 
"Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes" (Juan 13:15).
 
Con el lavatorio de los pies, Jesús transmite un saber que deben conocer sus discípulos, modifica la costumbre de una simple regla social y hace una suprema revelación divina:
 
"Ahora que saben estas cosas, Dios los bendecirá por hacerlas" (Juan 13:17).
 
Las bendiciones de Dios se esparcen y se cosechan cuando se pone en acción el servicio. Dando es como se recibe, es como se alcanza y se logra más de lo que se posee antes de ayudar.
 
Muy pronto en los orígenes de la iglesia primitiva, los seguidores y practicantes de la doctrina de Jesús, debieron atender un asunto de servicio en las mesas. La elección de los siete diáconos fue para atender una prioridad visible a los ojos de todos (Hechos 6:1).
 
Aunque Jesús les había encomendado predicar y enseñar la palabra de Dios, los apóstoles disciernen con sabiduría, que sin dejar de ejercer el ministerio de la palabra, había que atender eficazmente una necesidad que se estaba presentando: 
 
"Por lo tanto, hermanos, escojan a siete hombres que sean muy respetados, que estén llenos del Espíritu y de sabiduría. A ellos les daremos esa responsabilidad" (Hechos 6:3).
 
La pronta acción de los apóstoles facilitó que la obra de la iglesia no se detuviera. Como también, de la manera como los líderes de la iglesia aclararon y resolvieron el problema, mediante el servicio vital de las mesas, permitió que la gloria de Dios permaneciera y continuara manifestandose:
 
"Así que el mensaje de Dios siguió extendiéndose. El número de creyentes aumentó en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes judíos también se convirtieron" (Hechos 6:7). 
 
El servicio vital de las mesas es una señal fehaciente y obvia del querer de Dios, por parte del liderazgo de la iglesia.
 
La desidia en ayudar al necesitado mancha el rostro de Cristo, que es la iglesia. La indiferencia que impide servir a la humanidad, arruga a muestra comunidad de fe, que es la iglesia. 
 
Es gratificante ver a una iglesia servidora. A sus miembros integrados en propósito de auxiliar a quien pasa necesidad. Es un buen deber y aconsejable no olvidarnos de los pobres y de quienes pasan necesidad.
 
Precisamente, ayudar a los desvalidos y menos favorecidos de la sociedad fue el encargo que le hiceron los apóstoles, que estaban en Jerusalen, al ministerio del apóstol Pablo:
 
"La única sugerencia que hicieron fue que siguiéramos ayudando a los pobres, algo que yo siempre tengo deseos de hacer" (Gálatas 2:10).
 
 
Noveno Examen:

¿De qué se trata el servicio vital de las mesas?
 
Opción 1 En darle comida a todas las miembros de la iglesia.
Opción 2 Aportar en los diversos eventos de solidaridad social.
Opción 3 De la presencia de Dios en la labor diaria del cristiano.
Opción 4 Hacer obras de caridad y tener ministerios de ayuda.