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5. DIAKONÍA:
 
La diakonía está íntimamente relacionada al concepto de la servidumbre. El término proviene del griego διακονία, que literalmente se traduce por "servir a la mesa". Servicio que hace referencia al aspecto terrenal, social, humano y cultural.
 
La diakonía se desarrolla en el ambiente griego y romano, bajo un perfil de sirviente, desde el punto de vista físico, material y corporal.
 
Por su parte, la cultura judía, que había adoptado la misma noción, cuando vino Jesús consideraba la diakonía como servicio doméstico, semejante a quienes servían en las bodas de Caná (Juan 2:5). 
 
De ninguna manera la diakonía hacía referencia al servicio intelectual, como tampoco al de anunciar el evangelio, ni al área espiritual. Aun más, estaba relacionado sólo al espacio de esclavos, esclavas, siervos y siervas, mujeres y niños.
 
Pablo usó expresamente el término de diakonoi (diákono), para dirigirse a un grupo determinado de personas, a quienes incluyó en su especial saludo. Los situó en un nivel específico y preponderante. Con clara identidad ministerial, les reconoció un papel específico en el pueblo santo de Dios:
 
"Saludos de Pablo y de Timoteo, esclavos de Cristo Jesús. Yo, Pablo, escribo esta carta a todo el pueblo santo de Dios en Filipos que pertenece a Cristo Jesús, incluidos los ancianos gobernantes y los diáconos" (Filipenses 1:1).
 
En este mismo orden, Pablo habló de dos diversos cargos en la iglesia: obispos y diáconos. Exhortó a ambos grupos, por igual, a seguir las directrices, para que pudieran cumplir con sus requeridas funciones. Después de dirigirse a los obispo, especificó el deber de los diáconos:
 
"De la misma manera, los diáconos deben ser dignos de mucho respeto y tener integridad. No deben emborracharse ni ser deshonestos con el dinero. Tienen que estar comprometidos con el misterio de la fe que ahora ha sido revelado y vivir con la conciencia limpia. Que sean evaluados cuidadosamente antes de ser nombrados como diáconos. Si pasan el examen, entonces que sirvan como diáconos. De la misma manera, sus esposas deben ser dignas de respeto y no calumniar a nadie. Deben tener control propio y ser fieles en todo lo que hagan. Un diácono debe serle fiel a su esposa, dirigir bien a sus hijos y a los demás de su casa. Los que hagan bien su trabajo como diáconos serán recompensados con el respeto de los demás y aumentarán su confianza en la fe en Cristo Jesús" (1 Timoteo 3:8-13).

Pablo se dirigió directamente a un cargo ministerial, desempeñado por un grupo de varones. Sin embargo, en Hechos 6:1-6, texto que tradicionalmente se le conoce como el nombramiento de los siete diáconos, la palabra diaconía o diácono no aparece por ningún lado.
 
Cuando se les presentó el problema, los apóstoles simplemente discernieron que ellos no debían servir a las mesas, en la repartición de la comida diaria, sino que era necesario nombrar a otros para que desempeñaran dicha función:
 
"Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo" (Hechos 6:3).
 
En ningún momento a los siete varones se les dió el título de diákonos. Sino que se relacionó el oficio que ya tenían de la cultura griega y romana para sus siervos, con el llamado al servicio de las mesas, que iban a cumplir los recien nombrados varones.
 
Por lo tanto, en el ámbito de la primera comunidad cristiana, la diakonía va más allá que el simple servicio a las mesas de la ración diaria para satisfacer las necesidades de las viudas.
 
Diakonía es el servicio social y físico de un cristiano a los demás. Sin embargo, ahora la diakonía ya no sólo se reduce al aspecto de las necesidades humanas corporales. El diákono es un siervo de la palabra de Dios.  
 
Sabemos que los apóstoles decidieron continuar con el ministerio de la palabra de Dios y la oración, sin servir a las mesas. Por su parte, los varones elegidos, no sólo desempeñaron el servicio de las mesas, sino que tambien los vemos como ministros del kerigma y del bautismo.
 
En el caso de Esteban, aparece predicando, con tanta dedicación y gran valor, hasta las fatales consecuencias del martirio, como testimonio de su celo ministerial (Hechos 7:1-60).
 
Por su parte, cuando los discípulos fueron dispersados, otro de la lista de los siete era Felipe, quien evangelizó por la región de Samaria (Hechos 8:4-25), en el desierto camino a Gaza (Hechos 8:26), en Azoto y Cesarea (Hechos 8:40).
 
Definitivamente, estos servidores, no se hicieron siervos en el momento específico cuando se les asignó el oficio de las mesas. El don de servicio, su espíritu diakonal, ya existía en ellos de manera natural.
 
Por lo tanto, la diakonía, como servicio a las mesas, también conlleva el ministerio de la palabra de Dios, de la oración y del mover del Espíritu Santo, con sus dones y karismas:
 
"Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco nunca más volvió a verlo, pero siguió su camino con mucha alegría. Entre tanto, Felipe se encontró más al norte, en la ciudad de Azoto. Predicó la Buena Noticia allí y en cada pueblo a lo largo del camino, hasta que llegó a Cesarea" (Hechos 8:39-40).
 
Es evidente que el ministerio de la palabra de Dios y el ministerio social son de prioridad en la iglesia. El agente y servidor social no puede dejar a un lado el ministerio de la palabra. Aunque el ministro de la palabra, sí pueda dejar de lado el servicio social, si otros prestan dicho servicio diakonal. 
 
No existe diakonía, es decir servicio a las mesas, sin anuncio de la palabra de Dios y la oración. Pero si puede existir predicación de la palabra y oración, sin servicio a la mesa:
 
"De manera que los Doce convocaron a todos los creyentes a una reunión. Dijeron: Nosotros, los apóstoles, deberíamos ocupar nuestro tiempo en enseñar la palabra de Dios, y no en dirigir la distribución de alimento" (Hechos 6:2). 
 
Aquí hay claridad entre distinguir los medios y los fines. El servicio a las mesas es un medio, para llegar al fin que es el anuncio de la palabra de Dios (Mateo 28:19-20) y la perseverancia en la oración (Hechos 1:14), el parendizaje y la capacitación constante de los miembros de la iglesia (Hechos 2:42-47). 
 
Los apóstoles de Jesús y sus discípulos muy pronto aprendieron el significado diakonal de su Maestro. Jesús usó la diakonía para enfocar su propuesta de servicio hacía los demás.
 
Jesús mismo se presentó como servidor, es decir como diákono ante los demás:
 
"Pues ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan (διακονηθῆναι), sino para servir (διακονῆσαι) a otros y para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:28).
 
Jesús además de incluir el concepto de diakonía en toda su labor ministerial, él mismo aceptó la diakonía en su vida terrena, para cumplir su misión:
 
"¿Cuál es mayor: quién está a la mesa, o quién sirve (a la mesa)? ¿Acaso no es quién está a la mesa (permitiéndose ser servido)? Pues, en medio de vosotros, yo soy como quien sirve (a la mesa)" (Lucas 22:27).
 
Según la posición de Jesús, la diakonía es un reflejo de la madurez del ser humano, en su aspecto físico, mental y espiritual. En la niñez hay una necesidad y tendencia a que le sirvan. Los padres y los tutores son la ayuda idónea de la infancia.
 
Pero cuando se llega a la edad adulta, el ser humano deja de ser servido y comienza a servir. Precisamente el deseo de Dios es que seamos imitadores de Jesucristo: 
 
"El hijo del humano no ha venido para ser servido, sino para servir" (Marcos 10:45).
 
Cuando Jesús inicia su ministerio público, anuncia que su unción del Espíritu Santo tiene un perfil evidentemente diakonal:
 
"El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Lucas 4:18ss).
 
En el lavatorio de los pies el servicio es el resultado del amor, que pone en igual de condiciones al siervo y al señor:
 
"Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis" (Juan 13:15-17)
 
En fin, la diakonía es el ser y que hacer constante de la Iglesia. Por ser la Iglesia en su identidad diakonal, es que promueve, coordina y orienta la espiritualidad caritativa y social, en su sentido de comunicación cristiana de los bienes de este mundo.
 
Cristo hizo una opción preferencial por los pobres, los pequeños, los últimos, por lo que la iglesia deber hacer lo mismo.
 
Cristo escuchó los gemidos de cuantos eran excluidos, apartados, anulados, explotados, silenciados, lo mismo hace la Iglesia, la cual busca promover el cambio social, tanto en las estructuras de la sociedad, como en la transformación del corazón de cada ser humano.
 
De la misma manera, la Iglesia tampoco es para sí misma. Ella es para la humanidad. No está en la tierra para buscarse así misma o para engrandecerse, sino para servir humildemente a todos los seres humanos.
 
La diakonía es el principio vita de la Iglesia. Se puede recibir el kerigma, se puede pasar por la didajé y la parenesis, pero si el proceso se detiene, se queda la experiencia sólo como grupo o movimiento espiritual sin esencia en la encarnación.
 
En cambio si se avanza hasta la Diaconía, se logra el inició de la Iglesia, pues la Iglesia empieza a nacer cuando se convierte en servidora.
 
Con la diaconía que se comienza a ser Iglesia, y luego esta misma Iglesia se organiza y madura, es cuando llega a la koinonía.
 
 
Primer Examen:

¿Qué es diakonía?
 
Opción 1 Es la ayuda idónea que la iglesia presta a su feligresía.
Opción 2 Es el servicio social y físico de un cristiano a los demás.
Opción 3 Es el ministerio de autoridad de la iglesia para servir.
Opción 4 Es el resultado del amor que Cristo le tiene a su iglesia.