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LECCIÓN   2.11 

Ejercicios que avivan la acción de la fe.

Una día Jesús le aseguró a la multitud que lo seguía: "¡No he visto una fe como ésta en todo Israel!"(Lucas 7:9).
 
Este reconocimiento lo expresó Jesús asombrado, al escuchar el testimonio de fe del oficial romano cuando dijo:
 
"Tan sólo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará" (Lucas 7:7).
 
¿Dónde quedó la fe del padre de todos los creyentes, frente a la fe de este gentil? (Romanos 4:11). ¿De qué tamaño quedó la fe de los demás patriarcas? Pues sabemos que por su fe alcanzaron buen testimonio (Hebreos 11).
 
Sin embargo, la fe de este gentil romano fue superior. Es que la fe hay que ejercitarla, avivarla y ponerla en acción. Veamos algunos ejercicios que avivan la acción de la fe.
 
El primer ejercicio de la fe es la experiencia. La fe es poder. Es la potestad que se alcanza por la veteranía, el hábito y la destreza. El militar estaba familiarizado con el valor del poder (Hechos 1:8), por el oficio que desempeñaba:
 
"Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Sólo tengo que decir: ¡Vayan!, y ellos van, o !vengan!, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: ¡Hagan esto!, lo hacen".
 
La fe se ejercita en la cotidianidad de la vida. Ya sea en el hogar, en el trabajo, en las conversaciones y en las miles de experiencias de las pequeñas cosas de la vida, hay oportunidad de poder practicar la fe.
 
La fe del cinturión romano agradó a Jesús. Pues de hecho, "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). Pero algo más le impacto a Jesús, que le asombró. Y fue precisamente la excelencia y la calidad de su fe.
 
La certeza de la gloria y de la magestuosidad del único Dios verdadero y del reconocimiento de la autoridad y poder de Jesús, fue lo que deslumbró al Maestro.
 
El militar romano, estaba antisipando el mismo poder que Jesús nos prometió que íbamos a experimentar nosotros:
 
"pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes" (Hechos 1:8).
 
El segundo ejercicio de la fe es el estudio sistemático. La fe se pone en acción mediante métodos y hábitos consecuentes de estudio, como lo expresó Pablo:
 
"Así que la fe viene por oír, y el oír, por escuchar la Buena Noticia acerca de Cristo" (Romanos 10:17).
 
Es vital para el nuevo creyente dar razón de su fe.
 
El problema es que entre los creyentes hay una falta de asimilación de los contenidos de la fe. Han escuchado el mensaje de manera superficial, sin conexión vital y de forma desordenada, que se olvida con facilidad.
 
Para dar una respuesta acertada de fe, se necesita que el mensaje llegue, interese, se interiorise y se viva.
 
La respuesta de lo que se cree y por qué se cree, resulta del estudio y comprensión de la fe de una manera firme, sistemática y racional:
 
"Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional" (Romanos 12:1).
 
Los primeros creyentes mantuvieron un registro condensado de la vida de Cristo (Hechos 2:14-37), que se fue repitiendo hasta formarse los evangelios y demás escritos del nuevo testamento.  
 
Por eso es que leer, oír, visualizar, investigar, comparar, interpretar y ocuparse diariamente de las cosas de Dios, conduce al creyente a conocer la voluntad divina en su vida y a saber poner su fe en acción.
 
El tercer ejercicio de la fe es cultivar sus atributos. La firme seguridad (Hebreos 11:1), la esperanza sin verguenza (Romanos 5:5) y la total convicción (Juan 4:42 y 2 Timoteo 1:12), resultan del sistema y del proceso progresivo de la fe.
 
Porque la fe no es una particularidad mágica (Hechos 8:13.19) ni propiedad nepotista (Hechos 19:13-17). La fe es el fruto de la poderosa palabra del evangelio (Romanos 1:16).
 
La fe proviene de Dios, del oír a su Palabra. La fe se tiene, teniéndola (Romanos 14:22). La verdadera fe produce frutos:
 
"En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad,  humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!" (Gálatas 5:22-23).
 
El cuarto ejercicio de la fe es contender. Una vez hablando con un experimentado pastor, me dijo: "es que en nuestra iglesia no somos proselitistas". Asombrado le pregunté qué significaba su expresión. Su respuesta fue totalmente contraria al siguiente texto bíblico:
 
"Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 1:3). 
 
La fe no es una creencia relativa, ni un sentimiento subjetivo. La fe es objetiva y absoluta. La fe fue dada por revelación (Gálatas 3:25), y debe ser predicada (Gálatas 1:23) y llevarla a producir frutos en la incrementación del número de creyentes (Hechos 6:7).
 
Se debe contender por la fe, porque debemos ser militantes (2 Timoteo 1:13), porque muchos se apartan de la fe (Hechos 20:29-31) y porque Jesús debatió con los judios (Lucas 13:17) y los apóstoles hicieron lo mismo (Hechos 4:5) y hasta les costó la vida (Hechos 6:7).
 
 
duodédimo Examen:

¿Qué ejercicios avivan la acción de la fe?
 
Opción 1 El subjetivismo, el emosionalismo y el relativismo.
Opción 2 Como lo hicieron los patriarcas con su testimonio.
Opción 3 La experiencia, el estudio, los atributos y contender.
Opción 4 La actitud pasiva y la omisión de la acción proselitista.