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LECCIÓN   4.11

 Los karismas renuevan la iglesia.

 
La iglesia, aunque es institucional, no es monolítica, ni estática. Está fundada sobre la roca, pero la componen muchas piedras vivas. La iglesia la constituyen personas, como lo advierte el apóstol Pedro: 

"Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Pedro 2:1-5).

Debido a los karismas, la iglesia es un cuerpo vivo, que se transforma, cambia, se traslada, camina y se renueva, sin perder la esencia. Los karismas hacen que la iglesia permenezca en constante movimiento.

Los karismas son dones extraordinarios de Dios. Pero también son dones permanentes de gracia que impulsan y mueven a la iglesia a la renovación constante, para que responda a los signos de los tiempos.

El Espíritu Santo distribuye los karismas, entre las personas, para disponer y preparar la variedad de obras y funciones en la renovación y la edificación de la Iglesia (1 Corintios 12:7).

El apóstol Pablo hace un llamado explícito, para que valoremos y a reconozcamos los valiosos y provechosos karismas del Espíritu Santo en las personas de la iglesia:

"Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros" (1 Tesalonicenses 5:12-13).

El Espíritu Santo es libre para hacer entrega de los dones karismáticos (1 Corintios 12:11). Pero también espera que el ser humano ejerza su libertad, propia de su naturaleza. Por eso, Pablo anima a los fieles cristianos a no rechachar la presencia del Espíritu Santo:

"No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:19-21).

El Espíritu Santo actúa en doble dirección. Por un lado derrama el amor santificador y consagra a las personas que van a recibir los karismas. Y por el otro lado, abre caminos a quienes son portadores de los karismas, para que ayudarles a cumplir la misión en la iglesia. 

Por la doble función que realiza el Espíritu Santo, es que la iglesia permanence restaurada. Los karismas renuevan a la iglesia porque revitalizan a los creyentes para la evangelización. 

Por los karismas es que sucede la actualización de la gracia a través de las virtudes y los frutos. Los resultados son el rostro siempre joven y alegre de la iglesia, en todo tiempo:

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe" (Gálatas 5:22).

Los karismas enriquecen y animan a la evangelización de la iglesia. Una evangelización siempre nueva es una peremne lluvia de gracia, que fortalece, embellece y fecunda la labor misionera de la iglesia. 

Los karismas son útiles para la renovación  de la iglesia. Ya sean dones ostentosos o sobrios, grandiosos o discretos, de todas maneras son gracias que robustecen, vitalizan y bendicen a la iglesia. Le dan gloria, honor, celo, virtud y valor a la obra evangelizadora.

Precisamente, de los karismas era que disfrutaban los primeros cristianos. Por eso puedieran hacer tantos prodigios y señales. Los apóstoles eran signos visibles de la presencia de Dios: 

"Los apóstoles hacían muchas señales milagrosas y maravillas entre la gente. Y todos los creyentes se reunían con frecuencia en el templo, en el área conocida como el Pórtico de Salomón; pero nadie más se atrevía a unirse a ellos, aunque toda la gente los tenía en alta estima"(Hechos 5:12-13).

Por la acción del Espíritu Santo, la iglesia mantiene siempre viva la llama de la fe, del amor y la esperanza. El Espíritu Santo, es el motor que mueven a la iglesia y la lleva a buscar horizontes nuevos, a romper paradigmas y a alcanzar metas insospechadas. 

Por la presencia del Espíritu Santa, la iglesia permanece sin mancha, ni arruga, sino santa e inmaculada (Efesios 5:27). En tiempos en que se miran los karismas como obsoletos y de poca actualidad, el Espíritu Santo, empieza a soplar y de nuevo levanta a la iglesia, la mueve y la traslada a tierra buena, para que produzca frutos (Mateo 13:8).

Por otro lado, cuando la iglesia es karismática, los fieles creyentes adquieren confianza y se mantienen en la cotidiana vitalidad. Entienden que con esfuerzo humilde, paciente y perseverante, es que obra el Espíritu Santo. Un karismático permanence en el misterio de Cristo y en el deber de dar testimonio. 

El Espíritu Santo, mediante los karismas, se convierte en animador y santificador de la Iglesia, es el divino aliento, el principio unificador, es fuente de luz, de vigor, de apoyo y de consuelo.  
 
Mediante los karismas, el Espíritu Santo da paz y gozo a la fe de los creyentes; es prenda segura y preludio premonitorio de la vida eterna.

Los karismas encienden el fuego inextinguible en los creyentes. Son dones que ponen palabras de vida en el mensaje y despierta la visión profética.
 
Los dones carismáticos  limpian a la iglesia de toda impureza y prolongan la obra del Espiritu Santo en la historia de la humanidad. 


 
Duodécimo Examen:

¿Por qué los karismas renuevan la iglesia?
 
Opción 1 Porque mantienen avivada la fuerza y el poder de la fe.
Opción 2 Porque la iglesia no se arruga y permanece muy joven.
Opción 3 Porque revitalizan a los creyentes para la evangelización.
Opción 4 Porque siempre actualizan la visión y la misión eclesial.