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LECCIÓN   4.4
La facultad de administrar los dones.
 
Desde los orígenes, Dios capacitó al ser humano para que fuese administrador y no propietario de su obra creadora.

Administrar es actuar a favor del cumplimiento de los objetivos y propósitos planteados por el dueño de la empresa. En nuestro caso Dios es el dueño de todo (Exodo 19:5), pero sobre todo de nosotros mismos, pues somos de su propiedad:
 
"¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos" (1 Corintios 6:19).
 
La identidad del cristiano no es amar, ni ser justos, ni ir al culto o hacer obras de misericordia. Eso lo hacen las personas, simplemente por ser humanos. La personalidad del cristiano es ser de Cristo.
 
Ser cristiano es no vivir para nosotros mismos, sino vivir para Cristo:
 
"Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos" (2 Corintios 15).
 
Administrar es hacer que los recursos físicos, los agentes humanos, los medios financieros y los instrumentos técnicos de una organización cumpla con lo proyectado por su propietario:
 
"Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo" (Génesis 1:28).
 
Dios es quien distribuye los dones (Efesios 4:8) y los reparte como su Espíritu quiere (1 Corintios 12:11). No es el ser humano quien adjudica o asigna los dones.La humanidad es administradora de los dones.
 
Las personas karismáticas tienen la facultad de administrar los dones, porque Dios mismo trabaja con quien tiene dones, como lo interpreta con claridad el apóstol Pablo:
 
"Dios trabaja de maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien hace la obra en todos nosotros" (1 Corintios 12:6).
 
Dios mismo obra a través de los dones que El mismo otorga. No es tan difícil para el ser humano cuando hace la voluntad de Dios y vive ajustado a sus directrices:
 
"Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Romanos 14:17).
 
Cuando Jesús escogió a los discípulos, fue para estuvieran con él y para que se convirtierna en  evangelizadores (Marcos 1:17). Al final les encomendó: “Id y haced discípulos... enseñándoles” (Mateo 28:19-20). Por lo tanto, la Iglesia es para evangelizar y hacer discípulos, mediante el llamado que Dios le ha hecho.
 
Cuando el ser humano administra muy bien los dones que Dios le ha confiado vive en paz, y esa paz viene del gozo que se deriba cuando el ser humano anda ajustado por el camino que le ha señalado Cristo (Juan 14:6).
 
Dios quiere que ignoremos sus dones sino que conozcamos sus dones. Los primeros cristianos desde el principio tuvieron que enfrendarse con la responsabilidad de administrar los dones de Dios.
 
Pues a través de los dones, los cristianos debían demostrar su fidelidad a Cristo, debían ser purificados y debían aprender a depender absolutamente de Dios, ya que Dios trabaja y fluye donde se administran muy bien los dones, como buenos herederos:
 
"Así que como somos sus hijos, también somos sus herederos. De hecho, somos herederos junto con Cristo de la gloria de Dios; pero si vamos a participar de su gloria, también debemos participar de su sufrimiento" (Romanos 8:17).
 
Los dones son poder de Dios (1 Corintios 2:1-5) que edifican a la iglesia mediante la buena mayordomía que hacen los cristianos, de esos dones que han recibido desde el comienzo de su ministerio (1 Corintios 12:11), los cuales fueron confirmados en promesa por Jesucristo mismo (Juan 14:12).
 
Así es que la facultad de administrar los dones consiste en producir los frutos que Dios espera como resultado de nuestras acciones (Mateo 7:16). Es el resultado del proceder de la conducta humana.
 
Administrar con honestidad y gran responsabilidad los dones de Dios produce crecimiento saludable en la iglesia.

Un saludable crecimiento en la iglesia local:

-Se proyecta un crecimiento espiritual. Obediencia al Santo Espíritu (Hechos 5:32), quien nos llena de poder para ser testigos de Jesucristo (Hechos 1:8).
 
-Se proyecta un crecimiento numérico. Multiplicación como la primera comunidad cristiana (Hechos 2:47), de 12 a 70 a 120 a 500 a 3000 a 5000 y luego millones.

-Se proyecta un crecimiento organizacional. Emerge nuevo  liderazgo, renovados ministerios y los creyentes cultivarán los frutos de la evangelización permanente.

El plan de Dios de darnos dones, tiene como base la formación de líderes, responder a la tarea de capacitarlos a todos (Efesios 4:11-12).
 
Esa tarea de administrar muy bien los dones, se hace mediante el contagio personal (Marcos 3:4), gradual e incremental.
 
Los primeros cristianos (2Timoteo 2:2; Hechos 6:7; 9:31) tuvieron el mismo impacto que hoy día se tiene en la iglesia cuando se administran muy bien los dones de Dios.

Quinto Examen:

¿En qué consiste la facultad de administrar los dones?
 
Opción 1 Es administrar con honestidad y buen juicio todos los dones.
Opción 2 Es producir frutos abundantes y de calidad de toda especie.
Opción 3 Es hacer buen uso de los recursos y los medios de Dios.
Opción 4 Es el resultado del proceder de la conducta humana.