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LECCIÓN   4.9
Los karismas fortalecen a la evangelización.
 
Los karismas son concedidos por el Espíritu Santo con el propósito de propagar, transmitir y comunicar el evangelio (Hechos 1:8). Son dones de renovación, para cumplir con el ejercicio de la evangelización.
 
Los karismas renuevan las fuerzas para desplegar la evangelización (Hechos 2:4). La única tarea de los carismas es dar a conocer el evangelio, como maravillas de Dios (Hehos 2:11).
 
Evangelizar no es una opción, es un mandato (Mateo 28:19-20). El apóstol Pablo lo entendió muy bien, porque estaban guiado por el Espíritu Santo (Hechos 16:6-15), cuando expresó con determinación:

"Sin embargo, predicar la Buena Noticia no es algo de lo que pueda jactarme. Estoy obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia! Si lo hiciera por mi propia iniciativa, merecería que me paguen; pero no tengo opción, porque Dios me ha encomendado este deber sagrado. ¿Cuál es, entonces, mi paga? Es la oportunidad de predicar la Buena Noticia sin cobrarle a nadie. Por esa razón, nunca reclamo mis derechos cuando predico la Buena Noticia" (1 Corintios 9:16-18).

La actitud y la buena voluntad para comunicar el evangelio nace cuando se tienen los dones karismáticos del Espíritu Santo:
 
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8).
 
La mujer samaritana redescubre el don del Señor y corre aprisa a anunciarlo a los de su pueblo (Juan 4:28-29). La mujer descubre quien es Jesús y luego transmite lo que es Jesús.
 
De nuevo se aplica la frase popular de que nadie da de lo que no tiene, porque de lo que hay en el corazón es lo que decimos a los demás (Mateo 12:34).
 
El único propósito del existir de la iglesia es hacer la evangelización. Pues evangelizar es dar a conocer a Cristo, pero nadie lo puede dar a conocer si no ha ejercido su comtemplación de su divinidad y la unión asidua con su persona, en el Espíritu Santo:
 
"Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida" (Gálatas 5:25).
 
El mismo Jesús comienza su ministerio anunciando las buenas nuevas por el poder y la fuerza del Espíritu Santo:
 
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad y que ha llegado el tiempo del favor del Señor" (Lucas 4:18-19).
 
Los karismas han renovado la visión de la iglesia en todas las épocas de la historia. Si evangelizar es la acción permanente de la iglesia, los karismas son el nutriente que hace posible dicha evangelización.
 
Los karismas fortalecen la evangelización, porque son el combustible del agente evangelizador.
 
Donde haya personas con karismas nace, se desarrolla y permanece una iglesia evangelizada. Los karismáticos viven evangelizando, con una actitud siempre nueva en sus métodos (Hechos 2:44-47), nueva en su ardor (Hechos 4:31) y nueva en su expresión (Hechos 4:42). 
 
Ninguna iglesia puede multiplicarse y crecer en membresía si no tiene personas con talentos que ejerzan el oficio de la evangelización (Mateo 25:15). 
 
La evangelización adquiere todo su poder y su gran explendor cuando su fuerza está fudamentada en los dones que Dios otorga a sus agentes (1 Corintios 12:11).
 
Porque así como nadie puede llamar a Dios como Padre, si no es con el poder del Espíritu Santo (Gálatas 4:6), lo mismo sucede con la evangelización:
 
"Nadie puede decir Jesús es el Señor, si no es por el Espíritu Santo" (1 Corintios 12:3).
 
Es que aunque hay variedad de karismas (1 Corintios 12:4), existe un sólo Espíritu, quien origina los karismas, edificando el cuerpo de Cristo y conduciendo a la iglesia a su perfección de su santidad (1 Corintios 12:7).  
 
Las virtudes son el resultado de la práctica de los dones. Primero se recibe el don de creer y luego se practica ese don hasta alcanzar la virtud de la fe. Como en el siguiente caso:

"Al instante el padre del muchcho clamó: ¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!" (Marcos 9:24).
 
Al ver a los discípulos no pudieron expulsar el domonio de aquella persona, el padre del muchacho entiende que la fe debe venir de Cristo; no de la simple voluntad y del esfuerzo humano.
Por lo tanto, el Espíritu Santo, es quien capacita a los agentes de la evangelización. Hay claras cualidades en la persona con karisma. Es una persona de Dios, que huye de la maldad y persigue la justicia y es obediente a los mandatos de Cristo sin vacilar  (1 Timoteo 6:11-16).
 
Los líderes de la evangelización están facultados por el Espíritu Santo, para ejercer su oficio. Además de conocer al Espíritu Santo, son guiados infaliblemente a la verdad. El Espíritu es quien les enseña todo y les recuerda cada cosa que Cristo dijo (Juan 14:16-26).
 
La calidad de la evangelización se mide por sus resultado. Por eso, el propósito es producir frutos, los cuales son el producto de permanecer fieles y unidos a Cristo (Juan 15:5), para la fortaleza de la iglesia en la transformación del mundo.

 
Décimo Examen:

¿Por qué los karismas fortalecen la evangelización?
 
Opción 1 Porque guían a la iglesia a la verdad plena y total.
Opción 2 Porque son el combustible del agente evangelizador.
Opción 3 Porque hacen visible los misterios ocultos de Cristo.
Opción 4 Porque la evangelización es por mandato de Cristo.