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LECCIÓN   6.1

La unidad es mucho más que estar juntos.
Unidad es la totalidad y la plenitud de significado con sentido completo. Unidad es lo indivisible. La unidad en la iglesia es la conservación de la esencia y de la integridad, en la diversidad de dones, funciones y ministerios (1 Corintios 12:4).
 
Cuando se habla de unidad se hace referencia a cooperar, participar y laborar en equipo usando medios diferentes sin fragmentar, ni alterar el fin de la organización. Es mantenerse en uno, conservando su propósito, como imploró Jesús en la oración de intercesión:
 
"Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:21).
 
Si el mundo cree en Jesús, es porque los cristianos se han mantenido unidos. Pero dicha unidad no es fruto del singular esfuerzo de los cristianos. Los medios humanos no sustenta la unidad. La unidad es un don de Dios en Jesus, quien está siempre con nosotros (Mateo 28:20), al igual que el Espíritu Santo (Juan 14:17).
 
Por lo tanto, la unidad no sólo es permanecer juntos; ni unidos o amarrados. Unidad tampoco es unanimidad o concenso. No es una ideología, como la democracía, el socialismo, ni el comunismo; no es doctrina política, ni acuerdos económicos.
 
Unidad es mucho más que estar juntos, porque cada individuo del grupo conserva la misma esencia. A pesar de las individualidades personales, todos en el equipo conforman el mismo espíritu. 
 
Cuando los primeros creyentes de Jesús fueron llenos del Espíritu Santo, se hayaban en unidad unas 120 personas (Hechos 1:15). Dicha unidad se encontraba sostenida por los siguientes componentes: en un lugar, estaban todos, unánimes, juntos (Hechos 2:1).
 
El hecho de estar, unánimes y juntos, no fue un criterio de unidad eventual, ni aislado, entre los primeros cristianos, sino una actitud constante y consciente. Por eso, eligieron a Matias, en reemplazo de Judas, para estar completos (Hechos 1:25).
 
El deseo de unidad no era un empeño esporádico. La unidad era una búsqueda incesante y persistente entre los primeros cristianos:
 
"Todos se reunían y estaban constantemente unidos en oración junto con María, la madre de Jesús, varias mujeres más y los hermanos de Jesús" (Hechos 1:14).
 
La unidad les permitía animarse unos a otros y aprender los unos de los otros. Por la unidad alcanzarían los propósitos que Jesús les había encomendado: anunciar el evangelio (Marcos 16:15), enseñar las doctrina de su Maestro (Mateo 28:19-20), ser tesigos (Lucas 24:48) y mantener el seguimiento vivo de Jesús (Juan 21.19).
 
Porque estaban seguros de los resultados que produce la unidad, era había una estrecha comunión entre los creyentes. Los encuentros entre los apóstoles y discípulos eran continuos, compartían de lo que tenían y se incrementaba el número de la congregantes: 
 
"Adoraban juntos en el templo cada día, se reunían en casas para la Cena del Señor y compartían sus comidas con gran gozo y generosidad, todo el tiempo alabando a Dios y disfrutando de la buena voluntad de toda la gente. Y cada día el Señor agregaba a esa comunidad cristiana los que iban siendo salvos" (Hechos 2:46-47). 
 
Jesús estuvo siempre interesado en mantener la unidad de su grupo. Insistió en que se mantuvieran unidos en la doctrina (Juan 17:3), en sus enseñanzas (Juan 17:7) y en la misión (Juan 17:15).
 
En la actuliadad Jesús espera que nos mantengamos unidos. Con el poder y la fuerza de la unidad, Jesús nos envía al mundo a evangelizar (Juan 20:21) y nos encarga la gran comisión (Mateo 28:19-20), en una labor de unidad relacional (Juan 17:24).
 
La unidad es mucho más que actuar juntos. Unidad es la entidad organizada y compuesta por individuos con propósitos afines. Es convivir en la diversidad, siendo unánimes en el deseo de buscar primeramente a Dios y a su reino (Mateo 6:33), como lo afirma el apóstol Pablo:
 
"Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado" (Colosenses 1:13).
 
Reino de Dios que no puede estar dividido. La iglesia representa el cuerpo de Cristo, y a pesar de que somos muchos miembros, formamos un sólo cuerpo vigoroso (1 Corintios 12:12), para cumplir nuestra misión de evangelizar a todo el mundo (Marcos 16:15).
 
La unidad produce orden, coherencia, organización, claridad y transparencia. Lo contrario de la unidad es la división, que provoca caós. Pues al desunir ánimos y voluntades, se crean varias visiones y no se llega a ningún fin, ni se logran los objetivos propuestos:
 
"Amados hermanos, les ruego por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo que vivan en armonía los unos con los otros. Que no haya divisiones en la iglesia. Por el contrario, sean todos de un mismo parecer, unidos en pensamiento y propósito" (1 Corintios 1:10)
 
La división es un recurso que se emplea para causar confusión. El mismo apóstol Pablo usó la estrategia de dividir a sus enemigos. En una ocasión puedo salir airoso, apesar de las acusaciones frente al concilio supremo judio (Hechos 23:7).
 
En toda situación y circunstancia, la división interfiere en el dinamismo de los procesos y extravía del horizonte a integrantes y partícipes de cualquier empresa.
 
Aunque en el siguiente pasaje bíblico, Jesús se refiere al reino de Satanás, se puede entender que su afirmación alude a un problema general:
 
"Todo reino dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una familia dividida por peleas se desintegrará" (Lucas 11:17).
 
La unidad es afín al bien y contraria la mal. La división no es de Dios, sino del espíritu del maligno. Por eso, el apóstol Pablo nos exhorta a imitar la postura de Jesús:
 
"Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús" (Filipenses 2:5).
 
A veces pensamos que mientras más acoplados y cercanos estemos mayor unidad existe. También se cree que unidad es estar todos haciendo lo mismo, en el mismo lugar y al mismo tiempo.
 
De ninguan manera, unidad es sólo permanecer reunidos. Unidad es trabajar juntos para lograr fines comunes; es complementariedad. Lo que le falta al uno, el otro lo tiene.
 
A veces pensamos que lo similar es mejor que lo diferente para alcanzar la unidad. Por el contrario, para lograr una meta es mejor usar las diferencias, que tratar de lograr objetivos con elementos parecidos o similares.
 
Pues es más productivo poner a funcionar en equipo inteligencias divergentes, que juntar a personas igual de talentosos. De ahí que unidad sea encontrar armonía y equilibrio en la diversidad:
 
"Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo!" (Romanos 12:16).
 
La santidad es el fruto de la unidad. Actuamos a favor de la unidad cuando nos alentamos a lograr la santidad, mediante la irrenunciable entrega a Dios por medio del servicio a la permanente evangelización.
 
La labor que más nos une en la iglesia es anunciar a Cristo siempre y en toda circunstancia (2 Timoteo 4:2), tanto a los cercanos, como a los alejados de la fe. El mensaje que proclamamos es uno solo. Por eso nos mantenemos unidos en la acción evangelizadora: 
 
"Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz. Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos y en todos, y vive por medio de todos" (Efesios 4:3-6). 

La misión de la iglesia es evangelizar. Dicha evangelización nos mantiene unidos y congregados como cuerpo de Cristo. Cuando hacemos que la palabra de Cristo llegue a todos, en especial a los que aún la ignoran, estamos unidos entre sí al propósito de Jesús.
 
Cuando tenemos la valentía de testimoniar el evangelio en las calles y plazas, en los valles y montañas, nos estamos uniendo a la gran labor mundial de extender el reino de Dios. Cuando promovemos la evangelización, siguiendo las orientaciones de la Iglesia, estamos favoreciendo la unidad:
 
"Si alguien —ya sea nosotros o incluso un ángel del cielo— les predica otra Buena Noticia diferente de la que nosotros les hemos predicado, que le caiga la maldición de Dios. Repito lo que ya hemos dicho: si alguien predica otra Buena Noticia distinta de la que ustedes han recibido, que esa persona sea maldita" (Gálatas 1:8-9).
 
Pero unidad no es uniformidad. La unidad entiende y acepta la diversidad de los valores culturales. La unidad no niega las difíciles situaciones que atraviesa cada sociedad.
 
Por supuesto que la unidad apoya los esfuerzos por alcanzar el propio desarrollo y la promoción personal y social. Pero tampoco ninguna instancia, necesidad o prioridad humana, eliminan los anhelos del compromiso de la unidad.
 
Unidad es vivir intensamente un encuentro de fe. La palabra de Dios, el bautismo, la santa cena, la evangelización, el ayuno, la oración, son medios de gracia, que al prácticarlos honran la unidad.
 
La piedad y el fervor nos mantienen firmes y seguros en el camino de la santidad, que es el principio, el medio y el fín de nuestro pregrinar hacia la eternidad con Dios (1 Timoteo 6:12).
 
Entonces ¿Qué es lo que hace posible la unidad?
 
Lo que permite la unidad es la humildad, que es la capacidad de evitar imponer la propia voluntad contra los demás. Humildad es no tener más alto concepto de sí que el que debe tener (Romanos 12:3). Pues ninguno es más importante que el resto de un equipo.
 
La unidad también la promueve una buena disposición de espíritu de mansedumbre (Gálatas 5:23). El sometimiento es fruto del Espíritu Santo. Ser manso es hacer la voluntad de Dios, no ser pendencieros (Tito 3:2) y revestirse de amor (Colosenses 3:14).
 
La unidad no se refiere a la unicidad de la personalidad de un individuo. En algunas religiones se valora la espiritualidad alcanzada por una persona solitaria. Se enfatiza en la iluminación indivual, como un supremo valor de virtud.
 
Pero en la espiritualidad cristiana, la unidad tiene un alto contenido de vida dentro de una comunidad. La espiritualidad es una larga travesía de santidad, en medio de las controversias interpersonales: 
 
"Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor" (Efesios 4:2).
 
En la unidad la diversidad es muy bien vista. La unidad no discrimina, ni excluye a nadie. En la siguiente expresión Jesús explica el gran poder de la evangelización, cuando se favorece la unidad: 
 
"El que no está conmigo, a mí se opone, y el que no trabaja conmigo, en realidad, trabaja en mi contra" (Mateo 12:30). 
 
En las mismas circunstancias, el apóstol Juan le dijo un día a Jesús:
 
"Maestro, vimos a alguien usar tu nombre para expulsar demonios, pero le dijimos que no lo hiciera, porque no pertenece a nuestro grupo" (Marcos 9:38).
 
La instrucción contundente de Jesús fue muy clara:
 
"¡No lo detengan! Nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. Todo el que no está en contra de nosotros está a nuestro favor" (Marcos 9:39-40).

Por lo tanto, la búsqueda y la conservación de la unidad es el gran reto de la iglesia. En la actulidad la iglesia debe enfrentar la proliferación del divisionismo, si quiere seguir cumpliendo con la misión de evangelizar a todo el mundo (Mateo 24:14).

Segundo Examen:

¿Por qué la unidad es mucho más que estar juntos?
 
Opción 1 Porque cada individuo del grupo conserva la misma esencia.
Opción 2 Porque las distancias no impiden compartir la misma visión.
Opción 3 Porque valora las diversidades de las expresiones culturales.
Opción 4 Porque se refiere a la unicidad espiritual de cada individuo.