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LECCIÓN   6.11

La Iglesia es convocada.
 
El verbo convocar significa llamar o clamar la presencia de  personas en un lugar y fecha determinanda, para una causa específica. La convocatoria se hace a viva voz o por medio de escritos, avisos o anuncios públicos.
 
La convocación se hace formalmente a las personas que integran el grupo o la congregación determinada. Se les invita a participar de reuniones o diversas celebraciones programadas por la organización. 
 
En el mismo sentido, la iglesia es convocada.El término iglesia por sí mismo designa convocación. No puede haber iglesia sin convocación. Por lo tanto, la iglesia es convocada en el sentido de su naturaleza real de piedras vivas del templo espiritual (1 Pedro 2:5).
 
Precisamente, la característica principal que define a la iglesia es la convocación. El grupo de cristianos se llama iglesia, porque se convoca a sus miembros a pertenecer, a desarrollarse y a formar un cuerpo visible y signo sacramental para el mundo. 
 
En la iglesia las personas son invitadas a constituir el organismo colectivo. Como en cualquier profesión, oficio o labor social, las personas no se llaman a sí mismas a servir. Alguien emplaza, invita y requiere al trabajador, para que labore en su empresa. De la misma manera, los miembros que forman el cuerpo de Cristo, son servidores de Dios:
 
"Pues ambos somos trabajadores de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios" (1 Corintios 3:9).
 
Desde el comienzo de la era cristiana la convocatoria la ha hecho Jesús. Por eso, pertenecer a la iglesia no es un derecho que se adquiere por nacimiento, cultura o condición social. Integrarse a la iglesia es un privilegio concedido por la voluntad divina:
 
"Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre" (Juan 15:16).
 
En consecuencia, la ekkessia es la asamblea del pueblo de Dios, dirigida por líderes que el Espíritu Santo ha designado (Hechos 20:28). Por lo tanto, si la iglesia tiene su fundamento en la autoridad de Cristo (Mateo 16:18), es natural que El mismo convoque a sus integrantes:
 
"Tiempo después Jesús subió a un monte y llamó a los que quería que lo acompañaran. Todos ellos se acercaron a él" (Marcos 3:13).
 
Jesús no escoge a sus seguidores al azar. El Maestro conocía de antemano a quienes llamaría para ser líderes de su iglesia. Jesús vio a Natanael debajo de la higuera, mucho antes de que fuera convocado (Juan 1:48). No fue Mateo quien vio primero a quien sería su Maestro, fue Jesús quien fijó su vista en él (Mateo 9:9). Igualmente, los primeros discípulos fueron sorprendidos por la invitación de Jesús a conformar su iglesia, mientras se encontraban en su faena diaria de pesca (Mateo 4:18-22).
 
Al final de su vida pública, en la mesa de la comunión, es decir de la koinonía, Jesús declara que conoce a todos sus discípulos, a quienes él mismo ha elegido. Expresa su relación íntima y sólida del conocimiento que posee de los acontecimientos de su sacrificio, como un vivo servicio de redención a la humanidad:
 
"No les digo estas cosas a todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es para que se cumpla la Escritura que dice: El que come de mi comida se ha puesto en mi contra" (Juan 13:18).
 
La iniciativa de convocar a los miembros de la iglesia a la cena de despedida marca el carácter noble del poder de la comunión. Jesús había convocado a los integrantes de la iglesia para que mantuvieran una estrecha relación con él, en un permanente seguimiento. De igual forma, los había convocado para que fueran sus colaboradores en su misión:
 
"Jesús los llamó: Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!" (Marcos 1:17).
 
Ahora en la Santa Cena, se sella la definitiva comunión (koinonía), a precio de su entrega de su cuerpo y de su sangre en sacrificio propiciatorio (1 Juan 2:2). Cristo es la salvación, para a quellos que han sido convocados a esperar la redención de sus pecados (Hebreos 9:28).
 
En la Eucaristía se imprime el supremo valor de la comunión. Ya Jesús lo había advertido tiempo atrás, cuando afirmó que no hay comunión más fuerte, ni amor más grande que quien entrega su vida por sus amigos (Juan 15:13).  
 
Los seguidores de Jesús, continuaron siendo fieles al criterio de convocatoria de su Maestro. Pablo y Bernabé, en sus correrías misionales dejaron profundas huellas de las frecuentes convocatorias de los primeros cristianos: 
 
"Una vez que llegaron a Antioquía, reunieron a la iglesia y le informaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo él también había abierto la puerta de la fe a los gentiles" (Hechos 14:27).
 
Abundan los testimonios bíblicos, sobre la forma como se reunían los primeros cristianos, en sus prácticas cotidianas (Hechos 2:42), para resolver temas doctrinales (1 Corintios 4:17), observaciones disciplinarias (Hebreos 10:25) y celebraciones festivas de acontecimientos trascendentales (1 Corintios 11:17-22).
 
Jesús había esneñado la manera de resolver conflictos mediante la convocatoria entre los miembros de la iglesia (Mateo 18:15-17). Los primeros cristianos continuaron con la misma práctica, cuando resolvieron el conflicto del servicio a las mesas (Hechos 6:1-7), la definición de un iglesia inclusiva (Hechos 15:1-35) y la decisión de formar los equipos de trabajo eficaces (Hechos 15:36-41).
 
El apóstol Pablo, partícipe de varias convocatorias en la iglesia primitiva, continúa expresando su interés para que sus discípulos cumplan sus instrucciones:   
 
"Te dejé en la isla de Creta para que pudieras terminar nuestro trabajo ahí y nombrar ancianos en cada ciudad, tal como te lo indiqué" (Tito 1:5).
 
En conclusión, la convocatoria de los cristianos es signo de mutua convivencia, de compañerismo y de ayuda fraterna; es señal de la reconciliación frecuente, de la búsqueda de la santidad comunitaria y del espíritu de sencillez y de humildad, referencia de una iglesia santa, católica y apostólica.
 
 
Décimo Segundo Examen:

¿En qué sentido la iglesia es convocada?
 
Opción 1 En su naturaleza real de piedras vivas del templo espiritual.
Opción 2 Para ofrecer sacrificios de alabanzas y de acción de gracias.
Opción 3 Con el propósito de resolver conflictos que hay en el mundo.
Opción 4 Porque continúa la guía que impartió Jesús a sus discípulos.