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LECCIÓN   6.3 

El estímulo de la palabra oral.
El propósito fundamental de la evangelización es predicar, anunciar y proclamar la Palabra de Dios. Jesús y sus discípulos difundieron el evangelio de manera oral, luego se empezaron a usar otros métodos de comunicación, pero al principio fue sólo verbal.
 
Los medios, como la escritura y el testimonio visual, fueron recursos que se utilizaron más tarde por los creyentes. A medida que se iba extendiendo el cristianismo fue necesario conservar las enseñanzas auténticas y genuinas de la verdad proclamada por Jesús:
 
"Tales cosas se escribieron hace tiempo en las Escrituras para que nos sirvan de enseñanza. Y las Escrituras nos dan esperanza y ánimo mientras esperamos con paciencia hasta que se cumplan las promesas de Dios" (Romanos 15:4).
 
Dichas promesas se cumplen cuando sabemos que Jesucristo, el Hijo de Dios, es verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20). Al tener la doctrina cristiana escrita, se aseguraba que conocieran el mismo mensaje de quienes estaban predicando en otras partes. Quienes oían la Palabra de Dios y creían, pasaban de muerte a vida y empezaban a vivir la vida eterna (Juan 5:24).
 
La Palabra de Dios se puso por escrito para testimonio. La Biblia se escribió para los creyentes (1 Juan 5:13) y para los que aún no creían todavía (Juan 20:31), con el propósito de que supieramos todos que al creer en Jesucristo, tenemos vida eterna.
 
Sin embargo, la predicación oral de la Palabra de Dios hoy día sigue moviendo almas a creer. Todavía hoy día, la palabra de Dios proclamada oralmente conmosiona multitudes, aviva el entusiasmo de grupos de vida y conmueve a los oyentes.
 
La Palabra de Dios dada a conocer oralmente, siempre ha causado mucho impacto. Acudían multitudes a escuchar a Jesús (Lucas 5:15). El primer discurso de Pedro hizo que se añadieran tres mil personas (Hechos 2:41). Así sucesivamente a la iglesia se iban agragando cada vez más creyentes (Hechos 5:14).
 
La palabra oral causaba gran estímulo. El mensaje llegaba, impactaba y transformaba la vida de quienes la escuchaban. La predicación se hacía con entusiasmo, pues presentaban presente en la palabra que transmitían.
 
Jesucristo era el mensaje y el transmisor del mensaje. Cristo mismo era la Buena Noticia y a la vez era el anunciador de la Buena Noticia. Jesús es el evangelio de salvación (Romanos 1:19).
 
Cuando el Maestro de Galilea, aparace en el escenario público afirma que la Escritura se ha cumplido en él (Lucas 4:21). De la misma forma cuando el evangelizador esparce la semilla del evangelio (Lucas 8:11), él mismo se convierte en la semilla (Mateo 13:38).
 
Nosotros al igual que Cristo, somos también la semilla que ha sido siembrada en la tierra. La Palabra es como el grano, que la caer en la tierra produce fruto (Juan 12:24). La Palabra se hace vida en el comunicador de la Palabra, como dice el apóstol Pablo:
 
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).
 
Hablar de Cristo es testificarlo con la vida. Cristo, el mensaje y el agente del mensaje son uno solo. Pues dice la Biblia, que quien comunica el evangelio lleva impreso en su cuerpo la Palabra que propaga (Gálatas 6:17).
 
La Palabra se oye (Romanos 10:17) y se visualiza a través del mensajero. Pues quien evangeliza se convierte en el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). El estímulo de la palabra oral es el gozo de ser el anunciador y el contenido del mensaje.
 
Evangelizar es anunciar a Cristo. El fundamento de la evangelización es la difusión de la Palabra de Dios, que es Jesucristo, el verbo encarnado. Además, quien evangeliza vive el evangelio.
 
El mismo apóstol Pablo habla de la evangelización como el propósito de su vida. Evangelizar es una responsabilidad vital. Decir lo que han visto y oído (Hechos 4:20) se conviertió para el seguidor de Jesús en una obligación. 
 
Proclamar el evangelio no es un dilema, ni hay alternativa, ni tampoco es una opción; es un mandato determinado por Cristo (Hechos 9:15). Predicar el nombre de Jesús es es el fundamento de nuestra fe (Filipenses 2:9-11). Difundir la Palabra de Dios es el objetivo perenne de nuestra existencia:
 
"Predicar la Buena Noticia no es algo de lo que pueda jactarme. Estoy obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia!" (1 Corintios 9:16).
 
En el principio de la evangelización, la Palabra de Dios se empezó a propagar corriendo la voz. El único instrumento usado por los primeros cristianos fue su lenguaje oral.
 
De Jesús no se sabe que haya dejado sus mensajes por escrito. Según la Biblia, Jesús usó el lenguaje corporal de escribir, aquella vez que los fariseos vinieron para acusar a una mujer de adulterio. Sin embargo, nadie sabe qué escribió Jesús, quien dos veces se inclinó para escribir:
 
"Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo... Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo" (Juan 8:6.8).
 
Tampoco los seguidores de Jesús tomaron nota de su doctrina, de sus discursos, ni de sus enseñanzas. Lo que ha llegado hasta nosotros, fue lo que conservaron en la memoria de la tradición oral. 

Los apóstoles predicaron siguiendo las intrucciones de Jesús, dieron testimonio del impacto y del cambio que causó su Maestro en sus vidas, pero no leyeron los evangelios que conocemos, porque no se habían escrito aún.
 
Se dice que la primera publicación del Nuevo Testamento es la primera carta del apóstol Pablo a los Tesalonocenses, en el año 51 después de Cristo. Ya habían pasado 20 años de la resurrección de Jesús.
 
Las Buenas Nuevas de Jesús, se vinieron a escribir pasado el año 65 después de Cristo. El primero fue el evangelio de Marcos.
 
Después de la resurrección de Jesús y con el poder del Espíritu Santo, los discípulos predicaron y proclamaron a Jesús, con el propósito de la conversión y del crecimiento de la iglesia (Hechos 2:37-41).
 
Los discípulos de Jesús, predicaban oralmente la Palabra eterna de Dios (Salmo 119:89). La misma Palabra, que se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). Pues, la Palabra de Dios tomó forma humana en la persona de Jesús (Filipenses 2:6).
 
Además, reconocemos que las palabras de Jesús son también eternas (Juan 6:68). Esas mismas palabras eternas fueron transmitidas a Jesús por medio del Padre. Dios le ordenó a Jesús qué decir y cómo decir el mensaje a la humanidad (Juan 12:49-50).
 
Esas mismas palabras eternas han llegado hasta nosotros, por medio de los apóstoles (Lucas 9:6). Los discípulos obedecieron el mandato de Jesús de predicar su mensaje por todo el mundo (Marcos 16:15) y la sucesión de creyentes predicaban la palabra por donde quiera que iban (Hechos 8:4).
 
Observando con clara evidencia, el comienzo de la evangelización o el ministerio de la palabra, se hacía sólo de forma hablada. El mensaje de Jesús no se había puesto por escrito. Toda la predicación y la enseñanza era verbal.
 
El mismo apóstol Pedro confirma que la palabra eterna de Jesús era el mensaje que ellos predicaban. No dice que predicaban la Biblia, sino el mensaje de la Buena Noticia:
 
"Pero la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta palabra es el mensaje de la Buena Noticia que se les ha predicado" (1 Pedro 1:25).
 
Cuarto Examen:

¿Cuál es el estímulo de la Palabra oral?
 
Opción 1 Proclamar a Jesucristo vivo y resucitado a toda la gente.
Opción 2 Que al principio la evangelización se hizo corriendo la voz.
Opción 3 Es el gozo de ser el anunciador y el contenido del mensaje.
Opción 4 Las palabras de vida han llegado a nosotros sin alteraciones.