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LECCIÓN   3.2 

La adoración es el culto espiritual de la Iglesia.

Por ser Dios el centro de nuestra adoración, de acuerdo a su esencia divina, nuestro culto público es espiritual: 
 
"Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad" (Juan 4:24).
 
La  adoración es para Dios. No es para la satisfacción humana. La adoración es para agradar a Dios, no para satisfacer los caprichos humanos. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. No al revés. No fue Dios quien fue creado a nuestra imagen.
 
Sin embargo, hasta hoy el ser humano sigue cayendo en la tentación de representar a Dios, y por su terquedad lo configura a la imaginación corporativa, de carne y huesos.
 
Desde el principio la humanidad ha flotado en la impresionante flaqueza de la idolatría, perdiendo la lealtad exclusiva al Espíritu de Dios y a su voluntad espiritual divina.
 
Mientras Dios estaba decretando su ley: "No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra, o en el mar" (Exodo 20:1). El pueblo estaba promulgando lo contrario: "Vamos, haznos dioses que puedan guiarnos" (Exodo 32:1).
 
Y así lo siguió haciendo por el resto de sus días. Erroneamente. Su adoración no era espiritual, porque materializaron dioses y corporizaron la alabanza. Tampoco su adoración era verdadera, porque su culto era simbólico (Hebreos 10:1), irreal y falso:
 
"Hay quienes derrochan su plata y su oro y contratan a un artesano para que de estos les haga un dios. Luego, ¡se inclinan y le rinden culto!" (Isaías 46:6)
 
Porque Dios es espíritu, la interacción entre Dios y la humanidad es espiritual, definida, con discernimiento y sin ambiguedades:
 
"Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy mismo a quién servirás. ¿Acaso optarás por los dioses que tus antepasados sirvieron del otro lado del Éufrates? ¿O preferirás a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ahora vives? Pero en cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor" (Josué 24:15).
 
Sin embargo, la actitud rebelde de las personas, condujo al profetismo a no escatimar esfuerzos, para denunciar la fatal aberración:
 
"El rendir culto a dioses ajenos consume sus fuerzas" (Oseas 7:9).
 
Pues inútilmente será fructífera su adoración lujuriosa y lasciva, cuyas implicaciones impregnadas de simple emocionalismo, resultan en frustración, amargura y desconsuelo:
 
"¡Qué aflicción te espera a ti que les dices a ídolos de madera:
¡Despierten y sálvennos!. A imágenes de piedra, mudas, dices:
¡Levántense y enséñennos!. 
¿Podrá un ídolo decirte qué hacer?
Aunque estén recubiertos de oro y plata
por dentro no tienen vida" (Habacuc 2:19).
 
Para el verdadero cristiano, su adoración es un culto espiritual, por la misma naturaleza espiritual de Dios:
 
"Ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo" (1 Pedro 2:5).
 
Y esta adoración espiritual se manifiesta en un culto racional de una menta transformada por la renovación del entendimiento (Romanos 12:1-2). Ahora el templo somos nosotros y el Espíritu de Dios, que está en nosotros (Efesios 2:22), es el adorador.
 
La adoración es el culto espiritual de la iglesia, porque el Espíritu Santo es quien adora en nosotros:
 
"¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?" (1 Corintios 3:16).
 
Nuestra a doración no sale por nuestras necesidades, ni por nuestro agradecimiento, sino porque el Espíritu Santo intercede y gime en nosotros (Romanos 8:26-27), produce nuestra oración (1 Corintios 12:3) y nos indica a quién debemos dirigir nuestra adoración (Romanos 8:15; Gálatas 4:16) a la manera de Jesús (Marcos 14:16).
 
La adoración espiritual es la melodía que el Espíritu Santo compone en nuestro corazón y que debe ser expresada al únisono con corazones semejantes:
 
"Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón" (Efesios 5:19).
 
Como la adoración es espiritual, está libre de tiempo y espacio. En todo momento y lugar debemos estar en una adoración constante:
 
"Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre" (Hebreos 13:15).
 
Ya es hora de que volvamos a mantener una adoración segura, sin alteraciones y espiritual, como lo hicieron los primeros cristianos:  
 
"Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración" (Hechos 2:42).
 
 
Tercer Examen:

¿Por qué la adoración es el culto espiritual de la iglesia?
 
Opción 1 Porque el Espíritu Santo es quien adora en nosotros.
Opción 2 Porque se hacen ritos y sacrificos que agradan a Dios.
Opción 3 Porque Dios es Espíritu y quiere la adoración espiritual.
Opción 4 Porque nos reunimos en lugares públicos para la adoración.